lunes, 13 de abril de 2009

¿Que elijes?

Con pasos firmes, el cazador se adentra en la lúgubre cueva, al fondo, se escucha lo que parece una respiración jadeante. A su lado Syens, el enorme león albino, gruñe levemente, el cazador lo acaricia para tranquilizarlo.
-Quédate aquí grandullón, esto es un asunto personal- con lo que podría describirse con cara de pena el felino se acuesta y mira penetrantemente a su amo- No me vas a convencer así…hay cosas que debo hacer solo….por ejemplo hablar contigo, si lo hago en público me tomarían de loco- termina el con una sonrisa mientras acaricia la blanca cabeza de su compañero.
Cuando se levanta, la sonrisa a desaparecido, tragada por la frialdad y la determinación, sin miedo, se adentra en la oscuridad, hacia los jadeos de la supuesta hechicera “cuentos de niños…nada más” piensa para tranquilizarse.
Después de unos minutos andando, ve una luz al final del túnel, una luz extraña, de un color morado, desconcertado aprieta el paso hacia ella, al salir del túnel, aparece en una enorme gruta, está absolutamente vacía…solo una mesa de madera o metal, negra. Y unos candelabros que originan la extraña luz morada. Nada de esto llamaría su atención de no ser porque, en la sobre la mesa, esta la supuesta hechicera disfrutando de los placeres que le brinda un joven de pelo castaño y corto, no parece gran cosa.
Sin darse cuenta de ello, el cazador se iba acercando a su presa, pero no con la determinación de antes, más bien, por un deseo irrefrenable. La mujer, una jovencita de pelo negro y tez pálida, lo mira insistentemente. Chasquea los dedos, el hombre se desploma casi de inmediato.
-¿Vienes a matarme?- pregunta con una voz suave y tentadora.
-Ese es mi deber…lo que debo hacer…- titubea él.
-Y… ¿Qué hay de lo que quieres? ¿Quieres matarme?-
-No…digo si, debo matarte-
- Te pregunte si quieres, no si debes, cazador- ella se acerca más y más, está totalmente desnuda, su cuerpo es perfecto. Sus brazos lo rodean y ella lo besa pasionalmente, sin pensarlo, el cazador se deja llevar presa del éxtasis- ¿Qué eliges? Eso solo era una pequeña parte de lo bien que lo podemos pasar-
-yo, elijo tus placeres…- la maga sonríe, malévola- no obstante- la voz del cazador ya no titubea, es firme, la máscara de frialdad vuelve a cubrirlo- mi amigo…elije otra cosa-
Con un feroz rugido, el enorme león se abalanza sobre ella.