Me arrastran por el lóbrego pasillo como un burdo saco, la tenue luz de las antorchas arranca destellos de las negras joyas obsequiadas por mis captores. Dos cadenas, una en la piernas y la otra en mis brazos...pero ninguna de ellas pesa tanto como la argolla de mi cuello, esa es la que pesa más que el mismísimo mundo ahora mismo. El pasillo parece interminable, sus paredes son antiguas y cada losa del suelo parece ocultar un acto atroz, un traición o algo incluso más oscuro si cabe.
Me bamboleo a cada paso que dan las personas que me portan, todos llevan mascaras. El que coge mi brazo izquierdo, sonríe. El que agarra mi brazo derecho , llora. Un tercero tira de mi cabeza, pero no puedo ver su mascara.
Por fin, a lo lejos, parece haber más luz. El pasillo se acaba, dando en un enorme salón. Mis acompañantes me dejan caer pesadamente en el centro y desaparecen de mi campo de visión. Noto que hay más gente frente a mi pero las cadenas me pesan demasiado como para alzar la vista y mucho menos erguirme. Muchas voces comienzan a resonar en la cámara. No se lo que dicen, no me importa lo que dicen solo quiero terminar ya, me da igual, solo quitarme estas cadenas negras, llevaos lo que querais con ellas.
De repente, en medio del murmullo se escucha un sonido, es claro, diáfano como el mismo cristal. Suena una y otra vez por encima de la lóbrega estancia, asciende dejando en el olvido por unos instantes las pesadas cadenas negras. Otra vez suena provocando que empiecen a caer mis lagrimas. Otra vez más suena como si quisiese reclamar la atención de los presentes.
Se lo que es, La campana dorada suena llamando a todos los que la quieran escuchar, suena con su pureza sanando el alma más atormentada, suena con su retumbar atormentando a las almas corruptas de este mundo.
Me intento levantar, pero las cadenas negras me lo impiden. La campana deja de sonar...
Mientras mis ojos se cierran lentamente pienso en todo y en nada y susurro un lamentable "Lo siento" destinado a caer en el olvido.
Tal vez, no vuelva a escuchar el sonido de la campana...
Tal vez no.
jueves, 23 de agosto de 2012
martes, 14 de agosto de 2012
Tan alto....
"Pídeme una mano y tendrás mi cuerpo. Pídeme ayuda y tendrás mi vida"
Que sabré yo de lo que necesito y lo que no, solo camino en busca de algo que aun no he imaginado. Miro con ojo critico cada momento y cada gesto; Escucho con atención cada sonido, cada palabra. Busco la señal de que es lo correcto, en el fondo solo soy un niño en busca de aprobación, una mirada o una palabra de aliento son suficientes para mi.
Pero quien quedara al final de mi camino si poco a poco me quito las cuerdas que me atan a los demás. Lo siento, parecían cadenas en la oscuridad de las cuevas. Nadie me sigue ahora, nadie aplaudirá mi gran logro. Nadie.
Quedan lejos las palabras dichas al inicio del viaje, tan lejos como los que las oyeron en aquel lejano claro del bosque. A fin de cuentas, solo son palabras. Las palabras son mi todo y mi nada.
Contemplo las nubes desde lo alto de la montaña. No es como esperaba, no hay aplausos ni felicitaciones por mi excelente guia. Solo son un montón de nubes iguales a las que vería desde el suelo. Me siento vació y sobre todo me siento...solo. Aunque claro, lo segundo puede ser por que estoy hablando conmigo mismo en la cima de una montaña....y bien pensado, lo primero se debe a la falta de oxigeno por la altura.
-¡Mierda!- No era la palabra que pensaba en la subida, pero podría valer, nadie me juzgara.
Sin más me doy la vuelta, me dirijo hacia el desfiladero que se encuentra a mi espalda, cojo aire y..y...y ¿salto?
Si, porque no, siempre me gustaron los atajos.
"Podría haber bajado por la cueva, pensándolo en frió, es mas practico" pienso en ultima instancia.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
