Me arrastran por el lóbrego pasillo como un burdo saco, la tenue luz de las antorchas arranca destellos de las negras joyas obsequiadas por mis captores. Dos cadenas, una en la piernas y la otra en mis brazos...pero ninguna de ellas pesa tanto como la argolla de mi cuello, esa es la que pesa más que el mismísimo mundo ahora mismo. El pasillo parece interminable, sus paredes son antiguas y cada losa del suelo parece ocultar un acto atroz, un traición o algo incluso más oscuro si cabe.
Me bamboleo a cada paso que dan las personas que me portan, todos llevan mascaras. El que coge mi brazo izquierdo, sonríe. El que agarra mi brazo derecho , llora. Un tercero tira de mi cabeza, pero no puedo ver su mascara.
Por fin, a lo lejos, parece haber más luz. El pasillo se acaba, dando en un enorme salón. Mis acompañantes me dejan caer pesadamente en el centro y desaparecen de mi campo de visión. Noto que hay más gente frente a mi pero las cadenas me pesan demasiado como para alzar la vista y mucho menos erguirme. Muchas voces comienzan a resonar en la cámara. No se lo que dicen, no me importa lo que dicen solo quiero terminar ya, me da igual, solo quitarme estas cadenas negras, llevaos lo que querais con ellas.
De repente, en medio del murmullo se escucha un sonido, es claro, diáfano como el mismo cristal. Suena una y otra vez por encima de la lóbrega estancia, asciende dejando en el olvido por unos instantes las pesadas cadenas negras. Otra vez suena provocando que empiecen a caer mis lagrimas. Otra vez más suena como si quisiese reclamar la atención de los presentes.
Se lo que es, La campana dorada suena llamando a todos los que la quieran escuchar, suena con su pureza sanando el alma más atormentada, suena con su retumbar atormentando a las almas corruptas de este mundo.
Me intento levantar, pero las cadenas negras me lo impiden. La campana deja de sonar...
Mientras mis ojos se cierran lentamente pienso en todo y en nada y susurro un lamentable "Lo siento" destinado a caer en el olvido.
Tal vez, no vuelva a escuchar el sonido de la campana...
Tal vez no.
jueves, 23 de agosto de 2012
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